comment 0

No soy de aquí, ni soy de allá

¿Alguna vez te has sentido perdido, no encajas en ningún lado y por más que intentas no encuentras a tu tribu?

10 meses atrás empecé una nueva etapa de mi vida, una etapa ligada a directamente a la pregunta: ¿y tú de dónde eres?

La respuesta hoy es muy diferente que hace algún tiempo. No soy de ningún lado, soy de todos lados. Soy de donde dicte mi corazón.

La búsqueda

Empecé a buscar la respuesta hace algunos meses, siendo la primera y la más obvia pregunta: ¿soy mexicana?

Los conflictos de identidad y de pertenencia han sido una constante en mi vida. Ahora me confrontaba de nuevo con la pregunta sobre a dónde pertenecía.

Mi respuesta a extraños se volvió una versión refinada de toda mi vida, misma que fui perfeccionando para atraer su atención sin tener que pasar una hora definiéndome.

Soy mitad ecuatoriana (miro en sus ojos la sorpresa y el intento de ubicar a mi país del sol) mitad mexicana (empatía porque soy de este país) y de corazón un poquito alemana (los alemanes se sonríen al escuchar esto).

Durante mucho tiempo luche con el hecho de no ser tan mexicana como me gustaría, de sentirme alemana sin serlo, de sentirme ya tan lejana de la realidad como ecuatoriana, y sobre todo con el hecho de no poderle explicar a la gente que me sentía de cada lugar dependiendo de mi estado de ánimo, del mes del año, de la gente con la que me relacionaba, y del país en el que me encontraba.

Mientras más buscaba una respuesta definitiva, más me encontraba con esta paradoja, no ser de ningún lado, y a la vez ser de todos estos lugares.

No me gustaba no poder encajar, no poder ser clasificada. Entonces algo empezó a suceder, conocí gente que me entendía, mexicanos que nacieron en Rusia y crecieron en Alemania; alemanes que se portaban más como mexicanos que el más mexicano; alemanes nacionalizados canadienses viviendo en México. Mi tribu, como yo, no pertenecía a un solo lugar y algunos de ellos habían logrado estar en paz con este hecho, otros incluso le sacaban provecho.

Entonces decidí dejar de sentirme avergonzada por ser quien era, aceptarme en mis facetas diferentes y no juzgarme. Sin importar si un día extrañaba comer pan alemán y me daba nostalgia recordando el olor a Glühwein, sin importar si cocinaba con mi esposo llapingachos, sin importar si me emocionaba hasta las lágrimas al escuchar a otros mexicanos cantar el himno nacional después de rescatar víctimas del sismo del 19 de septiembre, nada de esto importaba porque era yo, auténticamente era yo.

La respuesta

“Solo eres libre cuando te das cuenta de que no perteneces a ningún lugar, que perteneces a todos los lugares… El precio es alto. La recompensa es grande.

Conversaciones con Maya Angelou (4 Abril de 1928 – 28 Mayo de 2014).”

La paradoja de no pertenecer a ningún lugar es pertenecerse a sí mismo. Cuando dejé de preguntarme de dónde era y me concentré en ser mi yo más auténtico la pregunta en si misma dejó de tener sentido.

De una forma natural también las conversaciones de mi origen dejaron de ser de la pertenencia y evolucionaron a compartir experiencias, encontré que no éramos tan diferentes, sin importar de dónde vinieramos.

 

Filed under: Viajes

About the Author

Posted by

Cyndi Caviedes is a Visual Artist. She is passionate about film, photography and life. Quito-Ecuador – Stuttgart-Germany – Mexico City-Mexico

Leave a Reply