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Creando desde un estado de flujo

Estar en la zona, fluir. Este concepto fue nombrado por Mihály Csíkszentmihályi en 1975 y describe un estado en el que la persona está completamente inmersa en la actividad que realiza, es hacerse uno con la tarea a mano y ha sido parte de prácticas espirituales como el budismo zen japonés desde hace cientos de años.

Como creativa activa pude relacionarme muy rápido con este concepto en el que uno puede desarrollar una actividad con concentración absoluta, deleite, y confianza en nuestras capacidades para llevarla acabo. Experimento este estado cuando estoy en el set, cuando estoy sola creando una nueva historia, al editar un fotomontaje complejo, al tocar la guitarra. Las tareas pueden ser largas, complejas y agotadoras, sin embargo el tiempo se siente que pasa de una forma diferente, es como estar en una burbuja en el que solo importa lo que hacemos en el momento.

Los últimos dos años había sido difícil llegar a fluir, entre el caos a mi alrededor, las largas horas de trabajo y las constantes distracciones de mi teléfono y del internet en general, me había costado bastante enfocarme en algo de una forma tan especial.

Sin darme cuenta había perdido la capacidad de sumergirme en una tarea de manera que lograra crear trabajo con sentido. Durante los últimos meses he logrado regresar por periodos cortos de nuevo a este estado de flujo. Estas son algunas de las cosas que noté me ayudaban a llegar a este estado:

Tiempo y espacio de crear

Muchas veces pensaba que estaba siendo productiva, cuando en realidad estaba dividiendo mi atención constantemente entre  llamadas, e-mails, notificaciones, mi teléfono, redes sociales, colegas, etc.

Normalmente realizo mi mejor trabajo durante la tarde/noche. Una vez que he liberado mi mente de los pendientes, cuando la mayor parte de la gente empieza a descansar, es cuando siento que ya no seré interrumpida y puedo hacer tiempo para trabajar en algo especial.

Es esencial sentir que podemos prestarle atención completa a la tarea a mano. Pueden ser dos horas después del trabajo, para mi son las horas de las 6 a las 9 de la noche, en días especiales puedo salir un momento a caminar y continuar durante un par de horas más entrada la noche.

Para cada quien ese momento y lugar serán diferentes. Cuando trabajaba en una oficina logré concentrarme de mejor forma (aunque nunca llegué a un estado de flujo) muy temprano en la mañana, entre las 6:30 y las 8:00 am.

Pasión

Estar en la zona, para mi no sucede con cosas que no disfruto hacer, creo que por esto hacemos nuestro mejor trabajo cuando lo disfrutamos, cuando la tarea misma es la recompensa.

Mente quieta

La mente a veces se siente como un mono que no deja de moverse ni de gritarnos, pero para entrar en un estado de flujo nuestra atención debe estar completamente dirigida a lo que haremos. Si bien no ser interrumpidos por estímulos externos es ya una gran ayuda, normalmente es nuestra propia mente la que está demasiado ocupada con preocupaciones y tareas mundanas.

Meditar ha sido una de esas herramientas que ha logrado ayudarme a callar las voces internas, además de relajarme y ser buena para controlar ataques de ansiedad. Al saber que mis pensamientos pueden ser callados he logrado concentrarme profundamente.

Alejarse del celular y de las redes sociales

Uno de los beneficios que sentí casi de forma instantánea al dejar de usar de forma intensiva las redes sociales y alejarme de mi teléfono, fue que me ayudó a que recordara lo que era inspirarme, dejar que mi mente divagara y a usar mi imaginación. De pronto estoy sentada esperando mi orden de ensalada en uno de mis restaurantes favoritos de la zona, tengo a mi perrita a mis pies, y por primera vez noto el patrón del piso, veo hacia afuera en la calle y veo a la gente pasar, escucho algunos perros ladrar, puedo simplemente estar presente.

En el estado de flujo uno está completamente presente en la experiencia, y si tenemos la ansiedad de checar nuestro teléfono cada 2 minutos, difícilmente lo lograremos. Incluso la vibración del teléfono puede interrumpir nuestro estado de flujo.

Sin juicios

Saber que estoy  en un lugar y espacio en donde soy libre de crear con confianza en mis habilidades y sin juzgar, me hace sentir que todo a mi alrededor desaparece, una vez terminado puedo hacer ajustes o ver cómo mejorar, pero en el momento de crear mi mente está inmersa solo en lo que hago, no en si está bien o mal.

Música

La música para mi es el ritmo de la vida, si estoy sola puedo escuchar música mientras creo. La música misma puede crear el ambiente que necesito para fluir. Diferentes estudios muestran la influencia de la música en nuestra productividad.

Para mi la música es una herramienta para inspirarme, imaginar y crear.

Crear en estado de flujo es el santo grial de hacer lo que amas, es entregarse por completo, es el premio, es juego, es capacidad de improvisación, es dedicación y confianza.

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Agobiada de contenidos y redes sociales

Durante los últimos meses he entrado en un periodo de cambio intenso. Hace unos días terminé mi primer semestre de mi maestría de Estrategia y Creatividad Digital en la Universidad de Barcelona, un master a distancia que me encanta y ha sido intenso por no decir ha sido una maratón. Entre el trabajo y el estudio ya tenía bastante en mi vida, pero como creativa inquieta que soy, mis proyectos personales también querían tener su turno, y me cuesta decir que no.

Si a esto le sumo todo el contenido que consumo: blogs, Youtube, Medium, libros, audio-libros, podcasts, siento que mi cerebro se está derritiendo. Como si esto no fuera poco la presión de tener la presencia en línea perfecta tampoco me daba un descanso. Obviamente en algún momento empecé a sentirme muy ansiosa, de pronto me falta el aire, y no podía dormir, quiero desaparecer un segundo.

Y eso es exactamente lo que haré, me tomo un sabático de las redes sociales, de querer tener la vida perfecta. No quiero vivir mi vida con los ojos pegados a una pantalla, no quiero sentirme vacía de inspiración, no quiero practicar las miles de rutinas para gente exitosa, no quiero escuchar ni leer más contenidos que prometen ayudarme a conseguir todo lo que quiero.

Quiero tener tiempo para ver por la ventana, de respirar en calma, de caminar sin rumbo. Siento que mi camino este año va a cambiar mucho, también siento que necesito encontrarme a mi misma de nuevo de entre el ruido.

Me encanta inspirarme con lo que hacen los demás y ver todas las maravillas que se crean a diario, pero no quiero ser esclava de todo el contenido que quieren que consumas.

Desde hace años no tengo la aplicación de Facebook en mi celular, ni Twitter, pero hace dos semanas borre Instagram también. Los primeros días han sido raros, intentando distraerme en el elevador viendo fotos de mis amigos, en vez  de eso me doy cuenta que tengo tiempo para pensar, tengo tiempo para imaginar. Ya no me siento a comer y le tomo una foto a mi comida, me siento a disfrutarla desde el principio, definitivamente tengo más tiempo para mi.

Empiezo a ver que lo que tenía era un problema de adicción, porque me entretenía en lugar de sentir, en lugar de imaginar, en lugar de pensar por mi misma.

Voy a tomarme un tiempo para ser y compartir con la gente de verdad, cara a cara, con abrazos, risas y conversaciones íntimas. Cuando el ruido pase entonces volveré, seguro, pero en mis términos, usaré la tecnología a mi favor, en lugar de ser adicta a ella.

Cambio y fuera desde Venus.

 

 

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Suficiente

Es irónica la vida, aquí me encuentro, en este punto de mi vida, el que he estado imaginando desde hace 4 años, para lo que he trabajado incontables horas, y a punto de dar el paso decisivo, mi ego, mi bendito ego, me hace esa pregunta que me destroza. ¿Tienes lo que se necesita para hacer esto?

Me hace sentirme pequeña, insegura, tonta. Me paraliza y no me deja dormir, de pronto todo se volvió muy real.

¿Cómo responder esta pregunta? ¿Hay una respuesta correcta? La verdad es que solo lo sabré si doy el paso, si me arriesgo un día más. Nadie puede contestar esta pregunta por mi.

Algo en mí me dice que sí, me dice que soy lo suficientemente fuerte para soportar lo que viene, que puedo más de lo que me doy crédito. Entonces me levanto de mi silla y me digo a mi misma, tu puedes, me lo repito, me repito que soy increíble, y me doy aliento, saco pecho y hago mi pose de mujer maravilla, sonrío, aunque siento que me quiebro, aunque quiero llorar y meterme debajo de una piedra donde nadie me vea. Sonrío.

Hoy quiero decirte, que tú también debes decirte estas cosas, necesitas pararte frente al espejo, mirarte y decirte que eres maravillosa, que puedes lograrlo. Podemos mucho más de lo que nos damos crédito.

 

 

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No quiero vivir para el fin de semana

Hasta hace poco pensaba que tener mi negocio propio sería un viaje hacia la seguridad, hacia una entrada segura de dinero, hacia la independencia.

Ahora entiendo que el sentido de ser mi propia jefa es no tener miedo de fallar, es tener esa libertad de explorar lo posible, de crecer, para eso será necesario tener estrategias claro; pero saber que solo estoy limitada a mis propias creencias, ese es el principal objetivo, ser capaz de emprender el viaje, ser capaz de seguir caminando y aprendiendo.

No quiero una vida perfecta, segura. Quiero una vida en la que cada día cuente, en la que no viva para el fin de semana.

 

 

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El fuego

Los que me conocen saben que soy una de esas personas que cree con todo su ser en la magia, en los milagros y los ángeles, y en la mano de Dios en mi vida para bien, creo tanto en esto que tengo un tatuaje que me recuerda esto mismo. Aún así, mientras intentaba ser un adulto funcional, no lograba discernir como esa magia que ya había experimentado en otros aspectos de mi vida, podría revelarse en mi vida profesional.

Aunque es verdad que una parte mía es muy espiritual, otra es absolutamente práctica, escéptica y orientada a metas, por lo que cuando se trataba de mi carrera, no había logrado combinar estas dos partes de mi persona. Es más práctico hacer una lista de pros y contras que dejarse guiar por el universo.

Sin embargo, cuando más perdida me sentía, en medio de la oscuridad, pedí con todo mi corazón que se me mostrara el camino, y confié en que así sería. De pronto en mi vida profesional empezaron a pasar cosas que no tenían sentido, dejé todo lo conocido para empezar a trabajar de todos los lugares del mundo, en una cámara de comercio.

No entendía que era lo que estaba haciendo ahí, pero muy dentro mío sabía que era lo correcto, que tenía que aprovechar y aprender todo lo posible. Durante muchos meses tuve la oportunidad de distanciarme de mi antigua vida, y poco a poco empecé a entender porque Dios me había puesto ahí. Después de todo era exactamente lo que había pedido: un lugar en donde se apreciara mi trabajo, donde pudiera trabajar en equipo y ya no sola, que no fueran machistas y donde pudiera hacer los contactos que necesitaba para empezar en México.

Claro que no lo había pedido así como ahora lo escribo, pero es exactamente lo que deseaba, aunque no lo pudiera expresar. Lo que tampoco podía expresar era mi profunda nostalgia por Alemania y lo mucho que me negaba a dejar ir esa parte de mi.

Durante los meses de reflexión aprendí muchas cosas, algunas enseñanzas ya las he compartido, pero la más importante se cristalizó en los últimos meses, en los que de muchos lugares me llegó información valiosa para mi camino. La idea de la intuición no era algo desconocido para mí. Sabía que mi panza, esa sensación en el estómago que nos dice, esto no está bien, aunque a veces no sabemos porque, sabe mucho más que mi yo racional. Solamente no sabía como esa voz me iba a ayudar a conseguir lo que me había aludido durante muchos años, lograr establecerme en mi profesión.

A principios de año, siguiendo el consejo de mi coach, decidí que las palabras para este año serían confianza y diversión. La idea detrás de escoger una palabra, era que guiara mis desiciones de acuerdo a esa palabra, en mi caso palabras. Es así que empecé a hacerme estás preguntas cuando mi intuición me decía que algo no andaba bien. ¿Me estoy divirtiendo? ¿Confío en mi camino? ¿Confío en mis capacidades? ¿Confío en la mano de Dios en mi vida?

Así fue como empecé a afinar mi brújula interna, y tomé desiciones duras este año, desiciones que aún después de que sabía que las había tomado, no podía dejar de pensar que finalmente se me había aflojado un tornillo. Había por fin encontrado ese lugar que me daba una seguridad que no había conocido antes, y había logrado empezar mi maestría, pero algo me empujaba al abismo. Mi salud en deterioro y las cantidades masivas de estrés para mantener en coexistencia mis dos vidas terminó en un burn out espectacular.

Agobiada y enferma, podía sentir ese fuego dentro mío despertando y llamándome cada vez con una voz más fuerte, necesitaba confiar, y darme la oportunidad de dar el próximo paso, aunque significara dejar la seguridad que tanto me había costado encontrar.

Hoy voy confiada de la mano de Dios, y le pregunto a esa voz interior cada vez que voy a tomar una decisión importante, aunque sea de que color será mi nueva página web. A veces algo no fluye y lo dejo, confiando en que la respuesta está ahí esperándome, en el lugar menos esperado. Las dudas siempre están ahí, claro. Haber logrado afinar mi brújula solo me concede un poco de gracia a la hora de resolverlas.

Ya no llevo prisa, confío en mi camino y en que estoy encontrando mi voz en este mundo, estoy dejándome llevar a dónde no hay resistencia, donde puedo florecer, donde no necesito luchar.

 

 

 

 

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Tercera Iteración

Hace unos días escribía sobre mi proceso creativo, y mientras más lo pienso, más me doy cuenta de que la vida es un proceso creativo. Hoy en día el estigma de fallar se está perdiendo, cada vez hay más gente exitosa que habla de sus experiencias negativas y como sin ellas no habrían logrado el éxito. No hay forma de que todo salga perfecto la primera vez. Hay que lanzar esa idea al mundo y confiar en su propósito.

Por mi parte he tenido una buena cantidad de caídas y tropiezos, unos más grandes que otros, a veces me he juzgado mucho y no me he dado el crédito necesario. Me hubiera encantado que todo saliera bien la primera vez. Cuando fallar es inevitable, ¿cómo le sacamos el mayor provecho?

Prepárate mentalmente

Vas a fallar, así que lo mejor es no ser demasiado duro contigo mismo. Esto a mi me cuesta todavía mucho.

Mantén la mente abierta

Nuevas oportunidades surgen de los lugares menos esperados.

“El ave fénix necesita quemarse para nacer.” – Janet Fitch

A veces lo mejor que nos puede pasar es fallar, llegar al fondo, tomar distancia, perspectiva y volver a empezar de cero. Esta es tal vez una de las lecciones más duras que he tenido que aprender, pero también una de las más satisfactorias, porque en vez de mirar mis errores como el final del camino, ahora entiendo que son parte del mismo.

A veces nos tenemos que perder para encontrarnos.

Sé flexible

Como el bambú, me dice mi mamá. sé flexible como el bambú. Esta flexibilidad mental te ayudará a lograr acoplarte mejor a nuevas situaciones, a olvidarnos de esquemas antiguos y prejuicios. Si podemos entender a los que están a nuestro alrededor y nos adaptamos rápido, no batallaremos tanto cuando las cosas no salen como nos gustaría.

Honestamente, ser flexible es lo que me ha permitido mutar y encontrar diferentes facetas en una misma identidad, sin aferrarme demasiado a lo que pensaba que funcionaba. Si algo no funciona, cambia, muévete, prueba algo nuevo, no te aferres a lo que ya no es.

Se creativo para llegar a tus metas

Creo que una de esas cosas que se mal entienden cuando dan el consejo de ser flexible y mantenerse con la mente abierta es pensar que vamos a dejar nuestras metas. La verdad es que hay muchas formas de llegar a un mismo resultado, y podemos decidir explorar un camino menos transitado, tener el valor de alejarnos de las convenciones, para llegar a nuestra meta, de nuestra forma.

Si alguien me conoce, sabe que cuando una idea se me mete a la cabeza, llegaré hasta las últimas consecuencias. Esto a veces significa intentar disparates y locuras, pero ese camino que a nadie se le ocurre es perfecto para mis objetivos. Cada uno tenemos un camino único. También hay que recordar que nos vemos todo el tiempo bombardeados por historias de éxito instantáneo, eso muy pocas veces es cierto. Detrás de cada historia de éxito hay mucho más de lo que la gente cuenta.

Siente los momentos difíciles 

Ser vulnerable, que difícil, que necesario también. Las mayores lecciones las encontramos cuando estamos de rodillas. Se vale llorar. Necesitamos sentir lo que sea que nos suceda para poder aprender de ello.

Tómatelo con una pizca de humor 

La risa pone todo en perspectiva, recuerda: todo es temporal.

Apóyate en tu comunidad, familia y amigos 

Nadie en este mundo lo logra solo, no tienes que saberlo todo, ni hacerlo todo. Yo siempre quiero ser mujer maravilla y me da pena pedir ayuda, pero es una tontería, y he decidido que mi orgullo no se interpondrá en mi camino.

Haz una lista de las cosas que ganaste, las lecciones y lo que quieres cambiar.

Enjuaga y repite.

 

 

 

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Siesta = vaguería?

Son las 3 de la tarde, después de la comida me siento pesada, como de costumbre los ojos se me están cerrando. Durante muchos años me sentí culpable de sentirme así; cuando estaba en la universidad, las clases justo después de la comida eran insoportables, y mantener los ojos abiertos era una tarea titánica. Al salir de la universidad empecé a trabajar en casa, ahí descubrí que podía acostarme y cerrar los ojos unos minutos en las tardes. Los minutos pasaban muy rápido y de pronto despertaba 40 minutos después, sintiéndome muy culpable.

Mientras trabajé a más de una hora de mi casa, al regresar a casa en el taxi, a veces tampoco podía evitar dormirme, obviamente como era el final de mi día productivo no me sentía ya culpable, y tomando en cuenta que me levantaba a las 5 de la mañana, no me preocupaba mucho.

Apenas tengo unos días de regreso a trabajar desde casa y he tomado una actitud diferente con mis siestas, sobre todo al descubrir que grandes pensadores como Winston Churchill, Leonardo Da Vinci, Salvador Dali, o J.F. Kennedy tenían la costumbre de tomar siestas. Resulta ser que tomar una siesta en la mitad del día o varias micro siestas durante el día, puede ser altamente beneficioso.

Tomar siestas ayuda a reducir los niveles de estrés, aumentar la concentración, estar más alerta y hasta mejora nuestra memoria.

Esta es una de las grandes ventajas de trabajar desde casa. Hoy en día he logrado hacer las paces con mis ganas de cerrar los ojitos. En lugar de obligarme a mirar a la pantalla y concentrarme (con malos resultados), me acuesto 20 minutos, de forma que no alcanzo un sueño demasiado profundo. Cuando me levanto un poco somnolienta, me preparo un café y vuelvo a trabajar.

Increíblemente esta rutina me da 2 a 3 horas más de trabajo completamente concentrado, no siento que estoy peleando con mi naturaleza y soy mucho más eficiente, lo cual me hace sentir genial, porque quiero sacarle el mayor provecho a cada día. También soy más feliz, porque me siento fresca y tranquila.

Este es solo uno de los pequeños ajustes que he hecho en mi estilo de vida para ser una persona menos estresada, más productiva y más feliz. Estoy aprendiendo a escuchar a mi cuerpo, a aceptar los días en que no soy tan productiva, a confiar que estoy haciendo lo mejor posible, aunque se me cierren los ojos y quiera descansar.

Si no puedes tomar una siesta en el trabajo, puedes cerrar los ojos 1 minuto y respirar profundamente, este es el ejercicio que hacía durante el día en mi oficina. No es lo mismo que tomar una siesta, pero te ayudará a relajarte un poco.

Como dicen, descansar sí, desistir nunca.

 

 

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Mi proceso creativo

Desde febrero de este año comencé mi maestría en la Universidad Autónoma de Barcelona en Estrategia y Creatividad Digital. Sobra decir que estoy encantada con todo lo que estoy aprendiendo y con volver a ser estudiante. Además de que soy una nerd amante de la lectura, estoy disfrutando mucho aprender sobre creatividad publicitaria aplicada a lo digital. En una de nuestras clases nos dieron una tarea que me gustaría compartir con ustedes: dibujar nuestro proceso creativo. No soy la mejor dibujando pero creo que logré en una sola imagen explicar como sucede esto de crear ideas.

Normalmente empiezo pensando en la manera más sencilla de resolver el problema, pero estas no son las mejores ideas, poco después me daré cuenta de que debo indagar más en mi idea y tendré que pasar a pensar en acercarme al problema desde otro ángulo, puede ser que funcione, puede que no. La tercera idea o la tercera iteración de una idea suele ser lo mejor. Aunque parezca un proceso muy linear  a veces puedo estar con una idea en la cabeza durante días, y solo cuando la dejo en paz y me relajo, finalmente doy con la idea.

Hace unos días me decidí a crear de nuevo arte digital, traía una idea de combinar uno de mis retratos con algo más, solo porque tenía ganas de experimentar. Aprendí que la creatividad es un músculo que si no se ejercita se debilita, así que volví a mis andadas. Aqu í les muestro 3 imágenes del proceso en ningun orden específico, la imágen que me convenció la pueden ver en mi perfil de Instagram.

Ya me dirán si les gustó.

Con toda honestidad pienso que es importante aprender a jugar de nuevo, a probar cosas sin miedo de que no vayan a ningún lado. Creo que cuando crecemos, pensamos que debemos hacerlo todo perfecto, que no hay espacio para los errores, pero la creatividad vive de estos juegos en los que lanzamos ideas sin miedo, en los que nos damos la oportunidad de pensar en cosas “locas”. Adivinen que, las mejores ideas son las que son valientes, las que la gente piensa que no son normales. Perfecto es aburrido, no memorable.

¿Cuál es tu proceso creativo? ¿En qué estas trabajando/divirtiéndote ahora? Me encantaría que me lo compartas.

 

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De pie

No quiero dar consejos, ni pretender que después de leer este post tu vida habrá cambiado, no te ofrezco curas mágicas, ni renovar tus esperanzas, solo quiero compartirte lo que me mantiene en pie aún cuando las cosas se ponen difíciles, lo que me ha hecho no olvidar quien soy, ni mis sueños.

1.Primero yo

Lo sé, suena egoísta, egocentrico, narcisista, arrogante y ególatra, talvez lo sea. No podemos dar lo que no tenemos, así que aunque sea todo lo anterior, me cuido a mi misma, cuido de mi salud mental y física, y de mi felicidad. Me hace ser mejor persona no tener resentimientos, poder sonreír y tener una buena actitud con la vida. He aprendido a las malas que nadie te va a cuidar, que nadie velará por tus intereses.

Eso ha hecho que tomar ciertas desiciones difíciles sea más llevadero, también me ha ayudado a discernir rápido si una situación me está ayudando a conseguir mis sueños, o si solo me está deteniendo. Me doy cuenta ahora que he experimentado mucho en mi vida, porque cuando algo deja de aportarme a mi crecimiento, lo dejo ir rápido. Solo tengo esta vida.

2. No

Una palabra que aprendí a usar recientemente, en lugar de intentar complacer a todos, empecé a decir que no, a situaciones que no se sentían correctas, a personas tóxicas, a proyectos que no se alineaban con mis valores. Aprendí a poner límites y fui más feliz, y para mi sorpresa la gente me respeto más, porque yo empecé a respetarme a mi misma.

3. Creer

Creer con todo mi corazón en mi propósito. Cuando todo falla, cuando todo es oscuridad. Creer que todo tiene una razón, que no estoy sola, que el universo me está dando una oportunidad, aunque en ese momento siento que el mundo se viene encima. Creer, me ha hecho convertir los errores en aprendizajes, los tiempos difíciles, en oportunidades de crecimiento.

4. Aceptación

En todo momento, lo único que podemos hacer es aceptar lo que sucede y planear nuestra siguiente jugada. No hay forma de cambiar el pasado, y es inútil preocuparse por el futuro, pero podemos aceptar el ahora y sacarle el mejor provecho.

5. Todo es temporal

La vida es como el mar, la marea sube y baja. Hay olas grandes y momentos de calma, pero todo pasa. Nada es eterno, ni es para siempre. A veces pienso en esto cuando estoy feliz, y me siento tentada a no dejarme sentir el momento, solo porque sé que también es temporal, pero lo momentos de felicidad perdidos no harán que duela menos la tristeza.

6. Los milagros existen

Cuando hago un recuento de mi vida, me doy cuenta cuantas veces he presenciado milagros: mi existencia, en las cosas simples, y en sucesos que pasaron de ser sueños a ser realidades, sin que yo supiera muy bien como sucedió.

 

 

 

 

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Como no aprender a madrugar

Suena el despertador y lo único que quiero hacer es apagarlo. Son las 5:15 am hora a la que me he estado levantando durante los últimos 12 meses. Me levanto como zombie y empiezo mi rutina, yoga, vestirse, sacar a Ramona (mi perrita), café, en la puerta de la casa a las 6:00 am.

Quiero creer que me convertí en una persona madrugadora, pero creo que falta un ingrediente la motivación, aunque claro evitar el tráfico ha sido la mayor motivación, pero siento que sobrevivo, no que estoy viviendo el idea de los madrugadores, tener tiempo para todas las cosas importantes, dicen que por eso la gente se levanta temprano. Yo apenas siento que logro esto.

Me encantaba la idea de despertar antes de que saliera el sol, me encantaba pensar en meditar en la calma de la madrugada, en esas horas doradas entre las 4 y las 6 de la mañana.

Tal vez no todos debemos de madrugar, tal vez solo estoy peleando con mi genética.

Entonces empezó a pasar algo interesante, algo raro, añadí unos minutos de yoga y meditación (si me levanté más temprano, todavía), y empecé a disfrutar algunos momentos, lo “tranquila” que está la ciudad antes de que el sol salga, salir sin prisas, caminar en la terraza y mirar por un momento a la ciudad luminosa, darme cuenta de que estoy viva, y tengo todo un día más para vivir.

No sé como convertirme en una madrugadora, no tengo idea, en un mundo ideal no sería necesario madrugar… tal vez…

 

Honestamente quién se quiere levantar después de mirar esta carita…..