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Altibajos

Hace casi un año tuvimos que vivir una de las experiencias más difíciles y dolorosas de nuestra vida como adultos, con nosotros me refiero a mi y a mi esposo.

Todavía me duele el estómago cuando pienso en lo que ocurrió, cuando mi esposo con voz entrecortada me dijo que lo habían despedido de su trabajo. Ahora mientras lo escribo no suena trágico, ni fuera de lo normal, pero no fue el hecho de dejar de trabajar en algún lugar, fue la forma del suceso.

Mi esposo fue una de las primeras personas en trabajar en GitLab, fue el 9no empleado, en algún post de la compañía lo contaron entre los empleados fundadores. Durante el tiempo que estuvo ahí la empresa creció como la espuma y el fue uno de los pilares ya que durante meses fue la persona que dio soporte a los clientes, los mantuvo felices y ayudó a crecer al equipo con gente de primer nivel, esforzándose en encontrar a las mejores personas para su equipo.

Gitlab como muchas otras empresas empezó a padecer de los dolores de volverse una empresa grande. Desorganización, falta de liderazgo, y de procesos de recursos humanos, lo que en algún momento fueron los valores de la empresa como ser abierto y poder expresarte con confianza en que tu opinión contaba, rápidamente fue remplazada por una cultura en la que solo ciertas opiniones eran valoradas.

Mi esposo fue uno de los tantos empleados despedidos sin tacto, nunca es agradable tener que separar a alguien de la empresa, pero la forma que lo hicieron parecía buscar la humillación de alguien que había colaborado arduamente durante mucho tiempo. Tan solo días antes del viaje anual de la empresa para la que habíamos hecho gastos para poder ir y con la ilusión de meses de ver a sus compañeros, lo dejaron ir, sin aviso ni paga alguna, y ni siquiera por la gente que lo había contratado o que era directamente su jefe. Su jefe se escondió, y no dio la cara, el dueño del negocio tampoco dio la cara. Cobardes. En ese periodo salió gente muy valiosa de la empresa, no sólo mi esposo.

Imagino que preguntan que fue lo que causó el despido, tener la osadía de tener una opinión diferente, en un asunto insignificante. El ego de alguien era muy sensible.

Así sin piso, con nuestros corazones rotos, nos abrazamos y le dije a mi esposo que íbamos a salir adelante. Hicimos todo lo que se nos ocurrió para salir de esa situación.

Le recé mucho a la virgencita de Guadalupe, le prendí todos los días una velita. Un día me llamaron de una entrevista de trabajo para la Cámara Alemana y sin saber bien por qué iba (cero experiencia en comercio exterior), me arreglé para la entrevista, a la entrada del German Centre hay varias banderas, y la que más me llamó la atención fue la de Baden-Württemberg. Entré al edificio y encontré el logotipo de mi banco en Alemania. No pude evitar sino sonreír, era como si Dios estuviera dándome una señal, era como si Alemania me estuviera recibiendo de nuevo. (Nótese la ironía).

Si no hubiera sido por este suceso nunca hubiera aplicado al trabajo de la Cámara Alemana, pero ahora sé que fue lo mejor que me pudo haber pasado. Días antes de que todo se viniera abajo yo estaba terriblemente asustada de empezar una nueva etapa en México, no sabía por donde empezar y de nuevo le pedí a Dios que me guiara, que me ayudara. Durante todos los meses que he trabajado asesorando a empresas he aprendido mucho sobre la economía, sobre hacer negocios, sobre los retos de los empresarios, sobre sus deseos, y además he formado una red de contactos muy valiosa, algunos de los cuales ahora son amigos muy queridos. De cero a VIP.

Teníamos que ser arrollados para dejar todo lo que ya no nos servía, fue un golpe duro, pero nos enderezó, nos dio una nueva dirección. No somos las mismas personas, crecimos, maduramos, nos transformamos, nos fortalecimos.

Hoy mi esposo trabaja en una empresa con ideales que van con sus valores, está tranquilo, le pagan mejor, y hay menos presión.

Yo redefiní mis metas para los próximos 20 años. En poco tiempo lanzaré un nuevo emprendimiento, al que no me hubiera atrevido hace un año.

Fue horrible, sí. Cambiaría algo, no.

“La vida es la mejor maestra. La mayor parte del tiempo la vida no te habla, sólo te empuja de un lado al otro. Con cada empujón te dice: Despierta, hay algo que quiero que aprendas”.

“El fracaso derrota a los perdedores e inspira a los ganadores”

Robert Kiyosaki – Padre Rico, Padre Pobre.

Filed under: Creatividad

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Cyndi Caviedes is a Visual Artist. She is passionate about film, photography and life. Quito-Ecuador – Stuttgart-Germany – Mexico City-Mexico

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