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Tengo la vida

Tanto planear, tanto planear y la vida solo sucede, no es posible a veces anticipar ni siquiera las próximas dos semanas. 

Este es un comportamiento atípico me dicen, pero no es todo ya atípico y no deberíamos de estar más acostumbrados a eso, aunque a quien estamos engañando, siempre ha sido así, tenemos un sentido de normalidad que cada quien ve de una forma diferente, la diferencia, la más clara es que habían ciertas construcciones sociales que nos dan paz, el calendario, la semana laboral, los días festivos, el horario de oficina, el horario de verano y el de invierno. Nada nos da seguridad real, solo dicta lo que debemos de hacer, pero de pronto nada de eso importa porque todos estamos en nuestros barcos navegando a la deriva y nos toca ponerle norte, o sur o lo que sea…. 

De pronto podemos diseñar nuestros días, nuestras horas, todos los días pueden ser una oportunidad para explorar una nueva versión de nosotros mismos, y eso asusta. 

No sé quien soy. 

Sé que existo, y en lugar de ponerme metas, pongo deseos en el universo y despierto todos los días sin saber si tendré que reinventarme una vez más. 

Cuando te quitan los títulos, cuando tu trabajo no te define, cuando las obligaciones familiares desaparecen y las amistades quedan en pausa, ¿quién eres?

Tal vez soy solo un ser humano experimentando esta realidad, me centro en la sensación de la alfombra bajo mis pies mientras miro el amanecer, la vida se vuelve acariciar el cabello de mi esposo en la luz tenue de la mañana, se vuelve una búsqueda por algo que me haga sentir viva, un café caliente, pero no demasiado, para poder dormir, porque concebir el sueño se ha vuelto difícil. 

Despertarse y continuar a veces es tan dificil. A veces quiero que alguien me diga que lo que sea que estoy haciendo es para algo, que algo tiene sentido. 

Nada tiene sentido. 

Pero tengo una canción en mis oídos que me hace bailar, tengo las llamadas con mi mamá, tengo mis manos para pintar, tengo mis ojos que pueden distinguir los colores del atardecer, tengo las paradas de manos para sentirme libre, tengo el sonido de mi respiración que se parece al oceano. 

Tengo la vida. 

Estoy intentando vivirla, lo mejor que puedo aunque a veces duele, aunque a veces no sé lo que estoy haciendo. 

La mita del tiempo solo estoy adivinando que hacer. 

Sueños con un día lograr algo, ser algo, aunque ya no sé ni que. 

¿Para que vives? 

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Sueños de otro tiempo

Cuando empezó este año lo tenía clarísimo, tenía un plan para finalmente meterme de lleno en la industria del cine y darme la oportunidad de ir detrás de ese sueño de una vez por todas con todas las de la ley. No más ser tímidamente guionista, no más esconderme detrás de otro trabajo. No, este iba a ser mi año de cineasta.

Bueno todos sabemos que la historia de este 2020 no terminó como hubiéramos querido, de hecho ni siquiera llegamos al primer trimestre y ya todo se había derrumbado.

A finales de este año en contraste no tengo idea de cual es ese sueño que estoy siguiendo, más bien ahora solo tengo una filosofía de vida a la que he llegado después de meses de intentar controlar algo y darme cuenta que no puedo planear ni dos semanas.

Esta filosofía de vida se basa en 3 cosas:

  1. Haz lo que se siente bien.
  2. Me merezco estar bien y tener lo que deseo.
  3. Estar contenta con el presente está bien y no necesito ser más. Soy suficiente ya.

Estos 3 puntos estoy segura aparecen en miles de libros de autoayuda, y el internet está lleno de frases, citas e información para llegar a la iluminación. Sin embargo también está llena de una mentalidad de trabaja duro y lograrás el éxito, o solo necesitas tomar acción para ver resultados, etc.

Volviendo a inicios del año, mi año del cine se vino abajo en marzo, una semana antes de participar por primera vez con mi pase de industria en el Festival de Cine de Guadalajara.

Después de pasar meses frustrada por no poder avanzar con ninguno de los planes que había hecho, este mes pensando en planear mi 2021 me di cuenta que no tenía nada de ganas de regresar a los mismos proyectos, de intentar resetear el 2020 y volverlo a intentar en el 2021.

Todo ha cambiado demasiado, yo he cambiado. Me pregunté si se sentía bien ir por esos proyectos, y la respuesta fue un tímido no. Ok, no es que no quiera contar historias, no es que no me guste la idea de hacer cine, pero simplemente no tengo la energía para ir por esa ballena blanca.

Una ballena blanca, boom, si, hacer cine ha sido mi ballena blanca, pero y aquí es cuando se pone interesante la cosa, a la vez no. Por primera vez desde que hace 15 años me propuse hacer cine, me di a la tarea de analizar lo que estaba persiguiendo con tanto empeño.

Me di cuenta que mi idea de tener éxito era totalmente imprecisa, claro tenía esta noción de que iba a hacer películas y contar historias, pero que iba a definir que fuera exitosa o no, era algo que no había definido.

Cuando empecé a estudiar cine, la meta era obvia, terminar la carrera, después de eso fue encontrar un trabajo en la industria, pero los años pasaron y no encontré nunca ese trabajo deseado, encontré trabajos, pero ninguno que llenara mis ansias creativas, y emprendí un camino de hacer cine de forma independiente.

Entonces empecé a escribir mis propios guiones, y a producirlos, abrí un canal de Youtube, vendí mis guiones, trabaje produciendo, y si hice mi primer cortometraje como directora y guionista y lo mostré a un público nada despreciable.

Nada de estos logros parecían importar a inicios de este año, ante mis ojos nada de eso contaba, ¿por qué? Porque no tenía una meta clara. Probablemente haberme detenido fue una bendición, de otra forma tal vez hubiera seguido el camino, me hubiera empujado, cada vez más, sin saber exactamente a donde iba, buscando entrar a festivales, obtener financiamiento, producir proyectos más grandes y más grandes, mientras tanto siempre hubiera estado haciendo “muy poco”, o nunca hubiera sido suficiente en mi mente.

Sé que una gran parte de mi simplemente quería ser aceptada como parte de la industria, pero ni siquiera ahora sé que significa eso. ¿Significa premios en festivales, o una cantidad de producciones a mi nombre, o simplemente que la gente viera mis creaciones?

Cuando deje ir ese sueño, me sentí triste, pero estoy tan exhausta de empujarme al limite todo el tiempo, que la verdad estaba también aliviada.

Ahora miro el futuro, y sé que tengo un emprendimiento que quiero sacar adelante, y quiero continuar entrevistando mujeres increíbles y creativas para Youtube.

Me cuesta pensar que este es el fin de mi historia haciendo cine, pero honestamente ya no me importa a donde vaya, si se detiene un año o 20 o si queda como algo que me enseño mucho de la vida.

Lo importante ahora es disfrutar la vida, no más sacrificar hoy para después disfrutar. Tal vez la lección más importante de este año es que la vida es hoy y ahora y hay que disfrutarla lo mejor que podamos.

Desde el satélite de Venus, cambio y fuera.

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Liberarse de lo superfluo

Sientes que estas harto de todo, harto de las pantallas, de ir al mismo lugar, ver a los mismos convivientes (aunque los amas con locura), harto de sentirte que vives el mismo maldito día todos los días y nada sucede.

Si así me he sentido, y lastimosamente la falta de cosas por las que emocionarse últimamente me han llevado a consumir demasiado de lo que hay disponible, televisión, redes sociales, libros, comida, y sí, lo que pueda comprar en línea.

Pero esto me ha dejado con un vacío, de otro tipo, un vacío de propósito, y ahora necesito hacer borrón y cuenta nueva, desintoxicarme digitalmente, mentalmente, dejar de consumir, tanto.

Claramente no voy a dejar de comprar comida, y acabo de pedir cortadores para galletas navideñas (si eres amigo mío espera galletas de regalo navideño) pero tengo esta necesidad de deshacerme de todo lo que no me haga feliz. Hacerle al estilo de vida Marie Kondo, y solo quedarme con aquello que me haga feliz, que me haga sentir viva, y puedo asegurarles que son pocas las cosas que me hacen sentir así ahora.

Tengo ganas de no comprar cosas superfluas, tengo ganas de comer solo cosas que me hagan sentir ligera y vital, quiero sentirme viva otra vez, quiero sentir que aunque no parece que pasa nada, yo estoy viva.

Por ahora no puedo decir que me emociona el 2021, me da ansiedad mirar al futuro, y me da aburrimiento pensar en otro año como este….

Supongo que nos queda buscar nuevas formas de vida, de compartir y estar cerca, de a pesar de todo estar ahí los unos para los otros.

Tengo un vacío de abrazos y de besos, de risas compartidas, este año no he reído lo suficiente. Tengo un vacío que no logro llenar con nada más que con la voz de mi mamá.

¿Qué nos queda?

Nos quedan nuestros sueños, nos queda volverlos a abrazar, decirles que aunque este año estuvieron en pausa, si encontraremos una forma, tenemos que hacerlo.

El próximo año es el año de triunfar, lo sé. Tengo que creer en eso. Tengo que tener esperanza.

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El aire bajo mis alas, fluir con la energía.

No eres lo suficientemente buena, esta idea es demasiado grande para ti, ¿quién eres tu para atreverte a tanto?

Estaba paralizada, aterrada, quería tirar la toalla, la tire, apenas intentar, sentada frente a ese nuevo precipicio de una nueva vida, esa nueva vida requería que fuera valiente. La valentía me había dejado. Tantas cicatrices de mis caídas me recordaban amargamente que a veces la vida no es tan amable conmigo, pero a la vez aquí estaba de nuevo, al borde. Al borde no se puede uno andar con medias tintas. Hay que dar ese paso, o no darlo, solo hay dos opciones. Me veía en caída libre, sin paracaídas, y no quería una cicatriz más.

Pero este nuevo proyecto, esta idea, me estaba llamando, esta idea había nacido de años de cosechar cicatrices. Años de intentar y fallar, años de que no cuajaran las ideas. Esta idea, más grande que el mundo, esta idea se sentía inevitable, se siente, me corrijo, como parte de mi destino. Yo pensaba que estaba al borde del abismo, pero la verdad es que ya estaba en el aire, cayendo a miles de kilómetros, y alguien en mi oreja me decía estas lista, abre tus alas, confía en ti.

Entonces decidí ayer por la noche, que no importaba si había una próxima cicatriz, lo que importaba es a donde me llevará este camino, lo importante es darme la oportunidad de disfrutar la vista, de abrir mis alas y agarrar viento, dejar esta energía fluir y dejarme ser.

Decidí que hacer esto no era imposible para mi, era simplemente mi camino y mi destino, que yo era un canal que recibía esta inspiración y que tenía que honrarla, tenía que darme, dejarme, abrirme toda.

Después de meses de miedo paralizante, de mini ataques de pánico, de ansiedad y nudos en la boca del estómago, lo solté todo, porque no solo soy un flujo de energía, solo soy un instrumento, y me lo estoy haciendo demasiado difícil, cuando todo lo que necesito hacer es estar presente en el momento y aceptar que soy un canal que recibe.

Dejar de preocuparme por la calidad, y solo producir. Suspender el juicio.

Les digo a mis alumnos que lo único que pueden hacer mal es no intentar, que fallar es parte del proceso, pero que doloroso es a veces eso. Sin embargo no estoy fallando ahora, estoy triunfando, estoy triunfando y voy a disfrutar esta sensación de que por fin mis alas agarraron aire y tengo esta sensación de ser invencible, por lo menos hoy.

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Nos quedan las pequeñas cosas

Esta semana empecé a dar clases de un laboratorio de creatividad, concepto y estrategia, y mientras preparaba las clases pensaba en el poco valor que durante años le di a mi niña interior, a los intereses que tenía entonces, a las experiencias que había vivido. Quería que mis alumnos exploraran su propia historia.

¿Qué hace a una buena anécdota, una buena historia? Son los pequeños detalles, las texturas, el sonido del viento en el páramo, un cielo estrellado, sentarse en el parque con tus amigas y reír.

Son las pequeñas cosas las que hacen de la vida algo increíble, sé ahora que he hecho bien en gastar mi dinero en vivir, en explorar el mundo, en ir a conciertos, museos, en cosas que me ayuden a crear.

Cuando pienso en mi vida pienso en esos pequeños momentos en que me sentí viva. Recuerdo caminar con mi mamá, mi hermano y mis vecinos por caminos de tierra en el oriente en Ecuador y ver a mi mamá recoger piedrecitas bonitas. Recuerdo sentarme en el patio de mi casa y tomar café un domingo sin prisa. Recuerdo estar parada frente al arco lista para patear el penal en el parque de mi urbanización con mis amigos (todos hombres) y escuchar como me gritaban que no matará al portero (tenía reputación de pegarles con la pelota en lugares sensibles). Recuerdo estar acostada en el pasto con mis amigas y saber que esto era la amistad, poder acompañarnos, estar juntas y no tener siquiera que conversar. Recuerdo ir en biclicleta en Alemania a mi trabajo y sentir el viento mientras pedaleaba. Recuerdo mi nariz congelada por el frío del invierno y maravillarme con los árboles desnudos sin hojas. Recuerdo el olor de la ciudad de México, bajarme del avión y sentirme de vuelta en un lugar feliz.

La vida es esto que nos pasa ahora, es el sabor de la fruta madura, y el sudor cayendo por tu frente mientras haces ejercicio. Es sentarte frente a la tele y poner tu película favorita mientras comes algo que te encanta. Es mirarte en el espejo por la mañana y saber que tienes otro día más de vida.

No terminamos de apreciar las pequeñas cosas, esperando las cosas grandes, llegar a esas metas, olvidando saborear el momento, sentir intensamente ahora, porque las metas cambian, tu planeas y el universo hace lo que se le da la gana.

Al final las pequeñas cosas, son las cosas que hacen que la vida valga la pena vivir.

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Una nueva visión del termino cineasta

A pesar de todo el mundo sigue, a pesar de todo parece que sobreviviremos esta catástrofe, a pesar de todo. Aún así todo ha cambiado y nada será igual, han sido semanas extrañas, y de a poco parece que se hace algo de claridad. Quiero ser coherente con mi vida, tal vez ese es un valor importante para mí, quiero decirle a la gente que vayan por sus sueños, que confíen en sus instintos, y quiero poder hacer lo mismo. Quiero seguir a mi intuición a donde me lleve.

Hoy mi intuición me lleva por caminos poco transitados, en una ciudad que no termino de entender, pero que es ahora mi hogar, y vine aquí por esa loca idea, la loca idea que me persigue desde hace años de que puedo llevar mis historias al cine. Siendo el cine esta visión romántica de la vida, de hacer una cita con un amigo, con un posible amante, con tus compañeras de clase, de comer palomitas y compartir una historia, y reír o llorar, sentirse incómodos juntos.

El cine significa tantas cosas para mí, pero hoy los cines están cerrados, la gente está en sus casas, no podemos hacer citas, no podemos sentarnos codo a codo a escuchar una historia, y me ha hecho preguntarme porque he estado tan empeñada en producir historias para este formato tan especial. Claramente la mayor parte de la gente no ve películas en el cine, sobre todo ahora.

Tal vez porque una parte de mi ha sentido que mi valor como persona va ligado a ese título de cineasta, que nunca he llevado de forma cómoda, como si no me quedara, como si fuera una impostora en ese título. Artista sí, cineasta ya no sé ni que significa.

Quiero que mis historias le lleguen a la gente, la inspiren, le hagan sentir que también hay bondad en el mundo, que esta permitido soñar, porque nuestros sueños si se hacen realidad. Si para que la gente las vea tengo que moverme a otra plataforma que me hace esto? ¿Hace que haya fallado en mi propósito de ser cineasta? O tal vez hay que actualizar el concepto, que las historias ahora se contarán en tantos medios diferentes, en un comercial, en 5 segundos de contenido en instagram, en una serie en YouTube. Me gusta el termino Storyteller, siento que me hace más justicia, aunque no hay un equivalente en español, cuenta cuentos, o como nos llamarán.

Solo quiero seguir contando estas historias, y tal vez por ahora tenga que dejar de pensar que serán vistos en el cine y eso no significará que me haya rendido, que haya tirado la toalla, solo significa que tengo que evolucionar.

 

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Si pudiera inspirarte, solo a ti

Si pudiera inspirar a una sola persona, si una sola persona fuera por sus sueños gracias a que yo estoy compartiendo las historias de otras mujeres, y a la vez la mía, si solo te pudiera inspirar a ti, que estás leyendo este texto a ser todo lo que puedes ser, a darte la oportunidad de mirarte de verdad, y escuchar tu voz, sería suficiente.

Han sido unos días extraños, ya perdi la cuenta de las semanas que vamos en cuarentena, y una pesadez se había apoderado de mi, pero el universo, Dios, me mandó una mensajera, que me hizo recordar que aunque no me doy cuenta, todo lo que hacemos tiene un efecto, que nuestros pequeños actos de bondad no pasan desapercibidos.

Pude ver como apoyar a una sola mujer, apoyarla en sus sueños, tratarla con dignidad, decirle que es su derecho ser tratada con respeto, y empoderarla a decir no, puede cambiar su forma de pensar, de actuar, puede inspirarla a verse como más, puede hacerle pensar que sí puede.

La señora que me ayuda con la limpieza vino a mi vida a ayudarme en muchos aspectos, he intentado darle consejos, apoyarla, darle un lugar de trabajo al que quiera regresar, hacerla sentir valorada, y ayudarla de la mejor forma posible en estos momentos difíciles. Ella a cambio me ha mostrado su crecimiento, me cuenta como ya no deja que abusen de ella, me cuenta de sus sueños, me dice que se acuerda de mi cuando tiene una conversación importante con un empleador, me dice que tiene nuevas ideas, y a la vez ella está hablando con sus amigas, las que se quedaron sin trabajo en el sector hotelero, me cuenta que está haciéndoles las mismas preguntas que yo le hice a ella alguna vez.

Algo en mi corazón se llena de orgullo, porque a pesar de todo, aunque parece que todo está quieto, mucho está sucediendo, y yo soy parte de ese cambio positivo, soy parte de inspirar, de apoyar, estoy feliz y lloro por esto, lloro de pensar que mis palabras, que lo que mi mamá me dijo, lo que otras mujeres me inspiraron puedo ahora yo también dárselo a otras mujeres, y que estas mujeres lo llevarán a otras y sí, un día cambiaremos el mundo.

Si pudiera solo inspirarte a ti, creo que de a poco vamos cambiando el mundo, tu historia, y mi historia cambian al mundo.

Es por esto que no me puedo rendir, no me puedo rendir, porque importa.

 

 

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Delirios de Cuarentena

Ya perdí idea de cuántos días llevamos encerrados, creo que pronto cumpliremos un mes, pero el significado de semanas y días ha perdido un poco el sentido. Durante estos días he sentido, mucho. He llorado sin razón, he reído, he sido productiva y he sentido como el miedo y el pánico pueden apoderarse de tu cuerpo y de tu mente.

Aún así me he mantenido en relativa calma, he establecido una nueva rutina, donde mi tapete de yoga se ha vuelto mi tabla de salvación. He tenido que concentrarme en vivir un día a la vez, y al mismo tiempo me he preguntado si hay algo que pueda aprender de todo esto.

Así comencé a pensar en mi forma de hacer las cosas, en mi forma tan apresurada de vivir, siempre al límite, llenarme de tareas y proyectos para caer rendida cada noche en mi cama, empujarme a probar, hacer el ridículo, quedarme fuera de la zona de confort, no detenerme, no rendirme, siempre dar lo mejor de mi. Esta es la forma en que se vivir, otra cosa se me haría impensable y aquí estaba en medio de una pandemia, empujando al límite, en un momento donde todo se estaba deteniendo, yo no daba mi brazo a torcer.

Tal vez en uno de esos momentos de iluminación, entre conversaciones con amigos y sesiones de meditación, me di cuenta que necesitaba parar, que aunque pudiera seguir, necesitaba mirar a mi alrededor, hacer un diagnóstico para salir de esta con alguna lección de vida.

Mirar hacia adentro no es fácil, quedarse en silencio, tomarse el tiempo de no hacer nada, de solo existir es totalmente extraño para mi. Sin embargo cuando lo hice empecé a sentirme muy triste, me vi pequeña, insignificante, y vi también que la realidad era que ese negocio que había planeado durante 2 años, no era probable que sobreviviera a una crisis de este tipo, quién va a pagar por videos cuando hay despidos masivos.

Dejé esa idea en el aire, y decidí hacer eso que me prometí, seguir a mis instintos, y esa voz interior me ha estado hablando sobre mi canal de YouTube, lo que empezó como una exploración de las vidas de otras creativas empezó a tomar una forma, y aunque quise dejarlo a un lado, porque mi cabeza me decía que estaba procastinando, mi voz interior me dijo que siguiera, y así lo hice, poco yo sabía que entrados en esta cuarentena lo que yo consideraba procastinar se ha convertido en mi única actividad, la que me mantiene cuerda, pero también en lo que podría ser una forma de vida.

Nunca quise tomar a YouTube como algo serio, finalmente yo soy una persona que estudio para hacer cine, y esa plataforma era para videos mal hechos, cortados de forma brusca y algunos gatos graciosos. La palabra Youtuber o peor Influencer me ha dado repulsión, y además, aunque sabía que habían personas que hacían dinero y buen dinero seguía con la idea de que eso no era para mi. Pero empecé a compartir estas entrevistas que había hecho con tanto cariño y una idea loca me despertó, parte de la razón por la que me sentía tan perdida como profesional, era que no tenía a quien recurrir, y si tal vez, solo tal vez, pudiera ayudar a otras mujeres, eso valía la pena.

En esta cuarentena he considerado mudarme de nuevo (a Marte probablemente), he sido testigo de como mis amigos se quedan en situaciones difíciles cuando sus formas de trabajo y de vida desaparecen, he sentido la angustia de estar lejos de mi familia cuando me pueden necesitar, he cuestionado TODO.

No quiero ni escribir sobre la situación de México.

Pero en medio de estos cuestionamientos he aceptado que si bien somos la generación que solo nos tocaron las malas noticias, también sé que somos los más resilentes, también sé que tendré que repensar todo mi modelo de negocios, tendré que aceptar que tal vez, sí, YouTube será mi forma de vida, y que tal vez esta pandemia me ha hecho dar un paso tan loco porque el mundo jamás se verá igual.

No quiero ser pesimista y pensar que somos la generación perdida, que nos tocaron todas las cartas malas, que nacimos en el peor momento, quiero pensar que nos va a tocar reinventarnos una y otra vez, pero que somos capaces. No quiero ver como la gente de mi edad no está pensando en comprar una casa, sino en como pagar la renta del mes, no quiero pensar que una vez más somos los que nos veremos más afectados por esta crisis económica, la generación endeudada y con salarios bajos. Quiero pensar que sí, tal vez he tenido que forjar mi propio camino a punta de caminarlo y equivocarme pero que eso hará que pueda ver el mundo de una forma muy diferente. Tal vez somos la generación que romperá todo tipo de esterotipos, seremos los que cambien la forma de vivir, la forma de relacionarnos, tal vez seamos los que decidan que nos importa más el planeta, que es más importante un abrazo, que es más importante tomarte un café que estar en el tráfico.

No sé exactamente que nos espera del otro lado de esta pandemia, sé que no seré la misma persona, tal vez acepte que no tengo patria más que mi tribu digital, tal vez logre encontrar una forma de ser una nómada feliz, tal vez finalmente diga con orgullo soy una YouTuber, cosas más locas han sucedido.

Lo que sea que suceda, creo que el mundo es el que construimos cada día con nuestras acciones.

PD: Quise quitar todos los tal vez de este escrito, pero me di cuenta que lo único cierto es que tenemos muchas dudas, muchos tal vez, tal vez por esta vez está bien.

Cambio y fuera.

Link al canal de YouTube del que tanto hablo. Click Aquí.

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Escoger la esperanza en un país roto

¿Por qué decidí a pesar de todo quedarme en México?

México es mi país, aquí nací, pero mi situación es muy diferente a la de muchas mexicanas, yo sí escogí México, escogí volver después de una ausencia prolongada, después de vivir la mayor parte de mi vida en otros lugares. Volví por nostalgia de ese México de mi infancia, por el olor de mi Ciudad de México, por el sabor de una jícama, por esa sensación de recuperar un pedazo de mi propia historia, de entenderla mejor.

No sabía que llegaría en uno de esos momentos en que mi país de nacimiento se convulsiona, estos primeros años han estado enmarcados en terremotos, creciente violencia y el tema más doloroso tal vez ha sido ver como las mujeres de este país están siendo tratadas;  como yo misma he sido tratada por jefes abusivos, como me siento en la calle cuando camino sola, como me siento cuando me subo a un uber en falda, cuando les pido a mis amigas que me avisen cuando lleguen a casa.

A pesar de todo aquí estoy, este año en junio cumplo 4 años en México, no veo una fecha para irme. Este país me ha hecho confrontarme con mi mortalidad de una forma que nunca había experimentado, recuerdo claramente haber pensado que nos íbamos a petatear, a estirar la pata, a morirnos en ese bendito temblor en el 2017 poco antes del terremoto ese con el que comparto cumpleaños (2 veces). A partir de esa experiencia tuve pesadillas donde la alarma sísmica sonaba y yo me levantaba en la mitad de la noche desorientada, sin saber si la alarma realmente la estaba escuchando. No me fui entonces, vi como la Ciudad de México se reconstruía, como nos unimos después del terremoto, como lo peor que podría pasarnos nos pasó y sacó también lo mejor de nosotros. Recuerdo sentir un orgullo inmenso de ser chilanga, de saber que yo también compartía esta sangre guerrera de los mexicanos.

Luego sucedió un acto de violencia en mi colonia, a las 3 de la tarde, por la calle donde paseaba a mi perrita, mataron a balazos a un cantante, el asesino se fue de la escena del crimen caminando (según reportan), mi esposo escuchó los balazos, pensamos que eran cuetes. Viví aterrorizada durante semanas, me negaba a pasar por el sitio donde un hombre había sido asesinado a plena luz del día. Me imaginaba el horror de estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada.

Entonces empecé a pensar muy seriamente en irme, irnos, sacar a mi esposo de este país donde los asesinos se van sin prisa, porque la impunidad se los permite. Odie que mi ambición nos hubiera puesto en un lugar tan caótico, pero los meses pasaron, no volvió a pasar nada en la colonia, leí mucho sobre la violencia en México y empecé a mirar a la policía con otros ojos. No, en este país no se puede confiar ni en la policía.

¿Por qué no irme entonces? Mi familia me recibiría feliz en Quito, una ciudad donde mi peor miedo es que me roben en la ecovía, podría regresar a Stuttgart la ciudad donde aprendí a caminar sola de noche y no tener miedo.

Esta decisión no ha sido racional, lo lógico sería irnos, pero a la vez, siento que no he terminado mi misión aquí, siento que es aquí donde debo estar. No se siente bien salir corriendo (otra vez), no se siente bien irse sin alcanzar mis metas, no se siente bien escapar. Cada vez que pienso en vivir en otro lugar me hace sentir que siempre estaría preguntándome como sería mi vida aquí, siendo una mujer latina en el medio audiovisual siento que las mejores oportunidades para mi están aquí, que aquí tengo una oportunidad de ser la persona que quiero ser.

También he enfrentado el tema de la muerte de frente, porque todos vamos a morir, pido una muerte rápida y sin dolor, pero sobre todo pido una vida bien vivida, pido vivir siendo fiel a mi misma lo más que pueda. Si he reflexionado tanto de la muerte también he reflexionado sobre la vida, sobre lo que puedo aportar, aquí tal vez puedo aportar más, aquí tal vez necesito estar, tal vez tengo sí una misión que cumplir.

No creo en las coincidencias, a mi vida han llegado mujeres maravillosas (algunos hombres también), luchadoras, una de mis favoritas, mi coach me ha enseñado mucho de como ser mujer en este país, la he visto vivir sin miedo, vivir plenamente, vivir y no solo sobrevivir. Mis amigas, mis círculo de mujeres me ha enseñado tanto de ser mujer, aquí aprendí a decir vagina sin tapujos, aquí aprendí a ponerme minifalda y hablar con dueños de empresas sin sentirme rara, aquí aprendí que cuando una mujer algo se propone muy pocas cosas la pueden detener. Tal vez porque esta energía femenina es tan fuerte en este país no puedo irme, porque siento que pertenezco, siento que estamos rotas pero juntas nos levantamos, siento miedo, y siento esperanza.

Me quedo porque la esperanza es más grande. Las cosas buenas son más, y no estoy lista para rendirme.

 

Foto de una maravilloso día creando magia con esta pequeña de ojos vivaces. A su mamá le debo más de lo que ella se puede imaginar. 

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Divagaciones del proceso creativo

En mi proceso creativo quiero que todo este perfectamente organizado, aún el caos, quiero una voluntad de hierro, disciplina de monje tibetano, producir diariamente y de preferencia que cada gramo de esfuerzo se vea reflejado en un producto final.

Hoy me di una mañana de autocuidado, hice mi cama, me lavé el cabello y escuché mi podcast favorito, pasee al perro, corte y salé berenjenas para la comida, lave ropa, aspiré. Lo hice todo sin prisas y no en el orden que acabas de leer, hoy por la noche estaré filmando, me repetía. Llegué al medio día a mi computadora, para descubrir que mi buzón de entrada no había explotado, slack me esperaba con un solo mensaje, y que en realidad a pesar que mi autodenominado día de autocuidado, sentía que había hecho lo correcto para mi proceso creativo también. Tengo dolor en mis hombros, en mi cuello, hace días me siento extraña, siento como esta energía que está cambiandolo todo, me veo transformándome, me veo como con esa piel que sabes es tuya pero que también sabes que ya no eres tu, estoy cambiando de piel, pronto el proceso se hará más evidente, mi cabello me estorba, me miro en el espejo y me siento atrapada en el tiempo, esta Cyndi en el espejo ya no es, verla ahí todavía, me hace marearme.

Escribo en mi computadora un nuevo cortometraje, uno que se trata de mi, uno que no será para la pantalla grande, que más bien verás, seguramente, y tal vez todavía a mi pesar, en tu celular.

Pienso que esta parsimonia de hoy por la mañana no puede ser buena, pero se siente tan bien, intento escribir en mi agenda cosas por hacer, y me quedo con, hoy por la noche filmaré. Tal vez yo misma sé aunque me niegue a creerlo que ya no soy la Cyndi que se presionaba sin mesura, tal vez estos pensamientos son solo remanentes de mi yo pasado, atormentado por ser productivo cada segundo del día.

Me voy a cocinar mi deliciosas berenjenas, y más tarde seguramente haré mi siesta, tomaré un café, me peinaré y empezaré a crear, muy tarde, pero muy segura de lo que quiero hacer, y probablemente no el orden que acabas de leer.