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Pregunta Millennial: ¿Debería de hacer una maestría?

Hace poco leí un artículo en el que explicaba todas las razones por las que nuestra generación, la generación Millennial está simplemente agotada. Trabajamos constantemente como si fuera normal, esperado. El siempre estar ocupado es lo que está de moda. En nuestra desesperación de parecer o mantenernos ocupados la pregunta de una maestría puede escucharse como algo tentador.

Desde hace unos meses la gente me ha estado preguntando acerca de mi maestría, en dónde la hago, qué estudio, sobre todo cuando hablo de mi proyecto de realidad virtual. Pero también hay gente a mi alrededor que me ha pedido consejo sobre dónde estudiar, y qué estudiar.

Quiero contarles porque estoy estudiando una maestría, qué me llevó a hacer un estudio a distancia, invertir dinero (que bien pude haber disfrutado) y ponerme a la tarea de hacer investigación experimental (algo que nunca había hecho en la vida).

Cuando decidí empezar mi maestría me sentía como un pajarito enjaulado, en una jaula muy bonita, con un salario muy bueno, pero aún así sentía que necesitaba algo que me motivara en mi vida, que me hiciera querer salir adelante, levantarme todos los días (a las 5am) y trabajar. Para mucha gente esa motivación es sacar adelante a sus hijos, pero ya que no tengo descendencia, ni planes de tenerlos pronto, empecé a pensar en algo que me ayudara a sentirme más creativa, y que me ayudara a recordar porque había escogido mi carrera.

La idea de la maestría no era nueva, una maestría, en Ecuador, me ayudaría a poder dar clases en una universidad, algo que me parecía una bonita idea para complementar los ingresos de mi trabajo de freelance haciendo video y fotografía. Cuando por fin recibí mi aceptación de la Universidad Autónoma de Barcelona, mi situación se veía muy diferente, estaba emocionada de aprender de nuevo, de poder cometer errores, sin que me crucificaran por ello.

En realidad mi maestría es más sobre aprender, mantener la mente abierta, explorar nuevas posibilidades y darme tiempo de probar cosas nuevas. Hoy en día eso es lo único que realmente garantiza ir a la universidad, todo lo que sucederá después es absolutamente impredecible. Para muchos estudiar una maestría es una oportunidad de salir de su país, de vivir por primera vez fuera de casa, pero también existe esta idea de que una maestría hará todo más sencillo en el mercado laboral al recibir el título.

Una maestría no es la cura mágica.

La verdad es que si quieres un mejor trabajo, ganar más dinero, o quieres poder emigrar a otro país, una maestría no es la cura mágica. Si es una nueva experiencia, con nueva gente y oportunidades, pero creo que es mejor hacerlo con una mente abierta, y no con una expectativa de una vida que no puede garantizar.

Claro que hay ciertos campos donde una maestría puede hacer una diferencia real en cuanto a oportunidades laborales y salarios, pero son campos que ya son normalmente bien pagados, en donde hay poca gente calificada y que la mayor parte de la gente no tiene ganas de hacer, si estoy hablando de ingenieros, programadores, entre otros. De hecho si alguien piensa que no estudio la carrera adecuada (carrera que ofrezca un trabajo seguro) estudien programación. Es muy difícil de aprender, sí, pero una vez que lo logras, realmente encuentras trabajo en todos lados (mi esposo es programador), lo mejor de todo es que para aprender a programar no se necesita ir a la universidad, ni tener una maestría.

Volviendo al tema…

Espero que al finalizar mi maestría tenga un proyecto genial para mi portafolio, poder incluir nuevos servicios y productos en mi oferta y haber aprendido mucho, espero también poder diferenciarme de la competencia, eso sería más por mi elección de tema que por la maestría en sí.

Entonces después de que vamos a la universidad, le damos todo de nosotros (en mi caso en otro idioma que no sabía meses antes cuando hice mi Bachelor) esperamos claramente que ese diploma, nos de una ventaja en la vida, que nos lleve a la tierra prometida de el trabajo soñado, por fin seremos capaces de hacer realidad nuestros sueños. Solo que salimos a un mercado saturado, mal pagado y terminamos frustrados, desilusionados, explotados o desempleados (en el peor de los casos).

Entonces ¿qué hacer?

No tengo las respuestas, pero tengo mucha experiencia intentando cosas diferentes, equivocándome mucho. Saliendo de la universidad, no quería depender ya de mis padres, así que busque trabajo en mi campo durante 3 meses, después de haber enviado docenas de currículums y haber hecho 3 entrevistas (1 en la cual se rieron de mis expectativas de salario, no me quería pagar ni siquiera lo que ganaba siendo estudiante) decidí que no podía seguir sin trabajo y me conseguí lo que pudiera, en este caso un trabajo de asistente ejecutiva, para el que claramente estaba (en palabras de mi empleador) sobrecalificada, pero que tomé con gusto.

Después de algunos meses y gracias a que tiendo a sacar lo mejor de lo que tengo a mano, convencí a mi jefe de que me dejara hacer un video para su empresa, y trabaje como asistente/creadora de contenido durante algunos meses con ellos. Siendo extranjera en Alemania solo tenía un año para encontrar un trabajo en mi campo que me pagara el mínimo, y este trabajo no iba a ser suficiente para alargar mi visa.

Acepté que iba a regresar a Ecuador, pero en el último momento, la agencia que hacía el diseño gráfico para mi jefe, decidió después de ver mi trabajo con el video de la empresa, darme la oportunidad de trabajar con ellos y así pude optar por una visa. Tiempo después cuando esa empresa no pudo alargar mi contrato mi jefa me busco otro trabajo con una productora de comerciales, en donde me ofrecieron trabajar como líder del post-producción.

Cuando pienso en esta historia, aunque no tomé el trabajo que me ofrecieron en Alemania y decidí por razones personales regresar a Ecuador, pienso en lo que pude hacer con las posibilidades que tenía, pero también pienso que mi primer trabajo salido de la universidad no fue glorioso, no fue el trabajo soñado, era un trabajo que pagaba mis cuentas, pero fue un trabajo que aproveché al máximo, aunque no era mi posición, les ofrecí todo lo que tenía, les ofrecí soluciones, y lo hice atractivo. Me dieron una oportunidad de hacer en lo que era buena, y fue por ese trabajo, que luego se abrieron muchas otras puertas.

La verdad es que la mayor parte de las cosas que ahora uso para ganar dinero, no las aprendí en la universidad, las aprendí en la vida. Las aprendí abriendo mis ojos, escuchando, aprendiendo de cada persona con la que me encuentro que veo que hace algo de forma exitosa, a veces son cosas tan sencillas como usar el tono de voz correcto para convencer a alguien de tu idea, pero pueden ser cosas muchas más complejas.

Aprendí que en la vida profesional sobre todo hoy, hay que ser flexible, uno debe estar dispuesto a probar cosas diferentes.

Si en tu campo no hay trabajo, entonces piensa, con lo que se, qué más puedo ofrecer, en donde más puedo aportar algo. Así empieza uno a ver que somos más que nuestro título y que no nos hace menos trabajar de otra cosa.

Cuando empecé a trabajar en la Cámara de Comercio Mexicano Alemana, no tenía idea de comercio exterior, pero sabía que era buena con la gente, hablaba 3 idiomas y estaba dispuesta a aprender.Fue una de las mejores decisiones de mi vida, aprendí mucho, me convertí en una persona de negocios, y me vi en otra luz. No tenía nada que ver con lo que había estudiado, ni con mis sueños, ni con mi propósito de vida, pero me dio mucho más que dinero, y adivinen qué! También les hice un video y fotos, ahora conocen mi ética de trabajo, y lo que puedo hacer en lo que sí me gusta.

Entonces tal vez necesitamos trabajar más inteligentemente, ser creativos, en nuestra vida profesional, tomar nuevos retos, aceptar cambiar de profesiones, (aunque sea momentáneamente), y darnos chance de fallar, de que no sea todo perfecto desde el principio. Podemos hacer lo mejor de lo que se nos presenta, o sufrir porque la vida no es lo que nos prometieron.

Nuestros primeros trabajos no necesitan impresionar a nadie, ni a nuestros padres, ni a nuestra familia, ni a nuestro círculo de 500 amigos en facebook o instagram. Nuestros primeros trabajos son oportunidades de ver a dónde podemos llegar, de que podemos ofrecer, de qué tan creativos podemos ser. Si me preguntan es mejor salir al mundo y hacer algo, que quedarnos en casa, con miedo de que lo que hagamos no cumpla las expectativas de todo el mundo.

Tal vez tengamos que redefinir que es ser exitosos, encontrar carreras que nos permitan más tiempo libre, dejar la ciudad y vivir en un lugar más pequeño y barato, entre muchas otras opciones que dependerán de la situación particular de cada quien. Nunca he sido de la idea de seguir al pie de la letra el camino de la sociedad, y tal vez esa ha sido mi mayor ventaja.

 

 

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¿Por qué el talento no es lo más importante? Y que sí lo es

Hace unos días tuve una junta con una mujer que me dejó con la boca abierta (no me pasa seguido) su energía positiva, su ética de trabajo, su profesionalismo. Conversamos de mi proyecto de realidad virtual largo rato, y me dio información muy valiosa de su experiencia en el mundo audiovisual. Hacia el final de la conversación, me dijo que lo importante era tener perseverancia, y no dejarse desanimar. A esto le dije:

“Sé que no soy muy talentosa, pero no lo necesito, porque tengo algo más importante, soy muy perseverante”

Ella con mucha amabilidad me dijo que seguramente si soy talentosa, pero el punto es que creo en lo que le dije. Creo que el talento solo te lleva hasta cierto punto, en la vida he aprendido que necesitamos tener una visión más grande que nos guíe, algo en lo que confiar mientras andamos nuestro camino, aún cuando no veamos la luz al final del túnel, aún cuando nos falte el aire, continuamos caminando, paso a paso.

Muchas veces parece que topamos pared, que no hay salida, que nunca veremos la luz, pero solo necesitamos cambiar de perspectiva.

Los sueños se construyen con persistencia más que con talento.

Al día de hoy tal vez lo único que tengo es esto, saber que cuando muchos otros han desistido, sigo en el camino, sigo andando mi vida, fluyendo.

Si hoy sientes que todo es oscuro, no sabes a donde mirar, quiero que sepas que ya encontrarás una forma, tal vez no sea la forma común, tendrás quizás que ser creativo, descansa sí, pero no desistas, estás en el camino correcto.

Un abrazo a todos los que no desistimos, desde Venus.

 

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4 Lecciones poderosas del 2018 para potenciar tu 2019

Me encanta la ciudad cuando está así, luminosa y el aire se siente ligero. No hay prisas, estamos todos más relajados, más optimistas.

Este 2018 he aprendido pocas cosas, pero muy específicas y poderosas. Perdí también a un ser querido muy importante, y la vida me devolvió a otra familia olvidada.

Lo femenino tiene su encanto, pero también su poder

En mi universo hasta ahora había de dos o te convertías en una mujer disfrazada de hombre, o usabas tu sensualidad para sacarle provecho a ciertas situaciones. Hoy veo que puedo sentirme segura en mi feminidad, en un vestido y tacones, con mi pelo rizado al aire, y juntarlo con el mundo de los negocios. Supongo que en la energía del movimiento femenino actual me ha hecho reconsiderar ciertas cosas, y darme mi lugar, rizos al aire y todo.

Me siento capaz de todo lo que  me proponga, sin cambiar ni un pelo de mi cabeza.

Ni aunque te pongas, ni aunque te quites

El tiempo se ha sentido como algo que derrotar, algo contra lo que siempre he estado batallando. Muchas veces la expresión “perder el tiempo” me vino a la mente al tomar desiciones, y aunque en lo general no creo que se puede perderlo, tal vez si sentía esta necesidad de que todo sucediera ya, hoy. No mañana, no pasado, HOY.

Pero es un esfuerzo fútil, todo tiene su tiempo, y parece que todo tarda mucho, demasiado. Creo que este año hice la paz con eso, con mis tiempos, y lo que tomarán mis proyectos. Cuando tu cabeza está llena de ideas, quieres darles vida, pero a veces hay que esperar al momento correcto, a poder darles la atención necesaria. Fue difícil en el pasado, pero ahora solo se siente como el flujo de la vida. Cuando te toca, ni aunque te quites y cuando no, ni aunque te pongas.

Hoy sé que tengo todos los minutos, horas y años del mundo para todo, que el tiempo ya no es algo que me restringe, es algo que se acomoda a lo que necesito.

Menos es más

Este año me dió mi segundo burn out de mi vida, pensé que lo tenía todo bajo control, pensé que podía combinar mi vida laboral, mis estudios, mis proyectos personales y empezar una empresa. Bastante irrealista ahora que lo pienso. Así que en marzo toqué fondo, y empecé a decir no. No a un trabajo que aunque me había enseñado mucho, ya no cumplía su propósito, no a empezar una empresa en un momento en el que no podía dedicarle mi energía completa, no a nuevos proyectos personales, para poder concentrarme en lo único que no podía postergar: mi maestría.

¡Hoy tengo ya mi plan para el 2019! Me encanta hacer un mapa para cada año, y este año hay menos cosas en mi lista, hay cosas que tengo ahí, pero que he puesto sin presión. Solo hay 4 cosas que quiero hacer este año que viene. Una por cada 3 meses. Y eso está bien.

Divertido pero no para morirse de la risa

Este año mis dos palabras fueron confianza y diversión. Dios, no sabía que había sido tan ambiciosa. Lo primero, la confianza lo fui trabajando cada día un poco, pero la diversión….Cada vez que me preguntaba si me estaba divirtiendo, la respuesta era no. No me la estaba pasando bien, en ese sentido de reírme todo el tiempo, y este último mes, me di cuenta, que lo estaba viendo desde una perspectiva infantil.

Claro que podía divertirme, pero algo divertido ya no era siempre tema de risa, a veces era sentarme y conjurar una nueva historia, emocionarme por los avances en mi tesis, tener una conversación profunda con una amiga, dejarme llevar a un viaje inesperado y disfrutarlo. No, tal vez no me rio como antes, pero el chiste es sentir la vida, sentir profundamente, a veces eso es risas y a veces son los momentos de contemplación. De vez en cuando encontrar razones para ser como niños, descubrir nuevas cosas, probar tonterías, y sentirnos en general ligeros.

¿Qué aprendiste de este 2018? ¿Ya tienes tu plan para el 2019?

 

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El universo conspira a tu favor

En verano escribí una pieza sobre el estado de flujo que es el momento cuando estamos tan concentrados en nuestra tarea que perdemos noción del tiempo y del espacio, somos uno con nuestra tarea. Aunque la idea en sí me encanta, la idea de que es algo de un momento, es algo que quiero desafiar.

¿y sí pudiera vivir en un estado de flujo?

Es una idea un poco ambiciosa, pero los que me conocen saben que me gusta empujar los límites. ¿Qué podría significar vivir en un estado de flujo?

En mi mente me levanto con gratitud para saludar a un nuevo día, me levanto y me siento ligera, durante el día esa ligereza se mantiene, mi rutina apoya el descubrimiento de ideas nuevas, conozco a la gente correcta en el momento adecuado, y a dónde sea que voy, el universo conspira mi favor.

Hago mi lista de tareas, y escribo en una columna las cosas que disfruto más y quiero trabajar, y en el otra las que quiero que el universo resuelva por mí.

Suena a magia, suena a un universo perfecto, en el que nuestros deseos se hacen realidad. Es tan loco que funcionará.

 

 

PD: Podría terminar el post aquí, pero quiero contarles que desde que empecé a creer (mi palabra para todo este año) han sucedido cosas cada vez más increíbles, nuestra energía, la de la física cuántica, si queremos usar términos científicos, apenas estamos descubriendo como usarla. Me muevo de creer a fluir, de la necesidad de convencerme al estado de ser. Espero que sean este año que llega, todo lo que ya son, la realidad la creas tú.

 

 

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Realidades Inmersivas

La realidad virtual no la escogí yo, ella me escogió a mi. Algo así dijo mi talentosa amiga sobre la publicidad. De alguna forma siento que a veces encontramos cosas que nos van bien, casi sin darnos cuenta.

Cuando era aún una niña, empecé a escribir historias, quisiera saber que me hizo tomar lápiz y papel y llenarla de personajes y ambientes. Curiosidad, emoción, tal vez una simple forma de dejar salir lo que estaba en mi cabeza. Las historias también me escogieron. Llegan a mi, me abro y me llenan, fluyen a través de mi.

Estoy sufriendo una metamorfosis, dejo atrás todo lo que ya no me sirve y recibo con alegría y esperanza esta nueva etapa. Nueva energía. Parece que solo fue ayer que comencé a aprender sobre hacer cine, parece solo ayer que estaba en Alemania estudiando, ahora vuelvo a ser estudiante.

Estudio estas realidades inmersivas, estas pre-historias, estas nuevas realidades que apenas están en su infancia. Lo hago con amor, con ojos de niña, con ilusión. Es como estar de nuevo frente a esa hoja en blanco, cuando todo era posible.

Para esta nueva etapa habrá un nuevo espacio, porque se lo merece. Un nuevo blog.

Continuaré creando historias, en las que ustedes ahora serán los protagonistas.

¿Listos?

3,2,1….

 

 

 

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De la teoría a la práctica – Curso de fotografía

El sábado tuvimos nuestro primer curso de fotografía para redes sociales aquí en CDMX, a pesar de algunas dificultades técnicas (mi presentación no quería abrir), tuvimos una mañana en la hablamos de la parte técnica de la fotografía, para luego pasar a los aspectos más creativos, seguido por una recomendación de aprender las reglas y luego romperlas.

Mis estudiantes me sorprendieron con su iniciativa, la parte práctica los llevó a experimentar y a poner en práctica algunos de los conceptos estudiados durante las primeras horas como luz, composición, ISO, velocidad de obturación, apertura, etc.

La mejor parte definitivamente para mi fue mirar los resultados del día y juntos hablar de lo que funcionó y lo que se podría mejorar.

Aquí algunas de las fotos de mis alumnos de los cuales estoy muy orgullosa, si con solo unas horas de práctica ya lograron estas fotos, estoy segura de que solo mejorarán. Las fotos están como salieron de sus celulares y cámara semi profesionales.

@Ilyan

@Zoe

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Creando desde un estado de flujo

Estar en la zona, fluir. Este concepto fue nombrado por Mihály Csíkszentmihályi en 1975 y describe un estado en el que la persona está completamente inmersa en la actividad que realiza, es hacerse uno con la tarea a mano y ha sido parte de prácticas espirituales como el budismo zen japonés desde hace cientos de años.

Como creativa activa pude relacionarme muy rápido con este concepto en el que uno puede desarrollar una actividad con concentración absoluta, deleite, y confianza en nuestras capacidades para llevarla acabo. Experimento este estado cuando estoy en el set, cuando estoy sola creando una nueva historia, al editar un fotomontaje complejo, al tocar la guitarra. Las tareas pueden ser largas, complejas y agotadoras, sin embargo el tiempo se siente que pasa de una forma diferente, es como estar en una burbuja en el que solo importa lo que hacemos en el momento.

Los últimos dos años había sido difícil llegar a fluir, entre el caos a mi alrededor, las largas horas de trabajo y las constantes distracciones de mi teléfono y del internet en general, me había costado bastante enfocarme en algo de una forma tan especial.

Sin darme cuenta había perdido la capacidad de sumergirme en una tarea de manera que lograra crear trabajo con sentido. Durante los últimos meses he logrado regresar por periodos cortos de nuevo a este estado de flujo. Estas son algunas de las cosas que noté me ayudaban a llegar a este estado:

Tiempo y espacio de crear

Muchas veces pensaba que estaba siendo productiva, cuando en realidad estaba dividiendo mi atención constantemente entre  llamadas, e-mails, notificaciones, mi teléfono, redes sociales, colegas, etc.

Normalmente realizo mi mejor trabajo durante la tarde/noche. Una vez que he liberado mi mente de los pendientes, cuando la mayor parte de la gente empieza a descansar, es cuando siento que ya no seré interrumpida y puedo hacer tiempo para trabajar en algo especial.

Es esencial sentir que podemos prestarle atención completa a la tarea a mano. Pueden ser dos horas después del trabajo, para mi son las horas de las 6 a las 9 de la noche, en días especiales puedo salir un momento a caminar y continuar durante un par de horas más entrada la noche.

Para cada quien ese momento y lugar serán diferentes. Cuando trabajaba en una oficina logré concentrarme de mejor forma (aunque nunca llegué a un estado de flujo) muy temprano en la mañana, entre las 6:30 y las 8:00 am.

Pasión

Estar en la zona, para mi no sucede con cosas que no disfruto hacer, creo que por esto hacemos nuestro mejor trabajo cuando lo disfrutamos, cuando la tarea misma es la recompensa.

Mente quieta

La mente a veces se siente como un mono que no deja de moverse ni de gritarnos, pero para entrar en un estado de flujo nuestra atención debe estar completamente dirigida a lo que haremos. Si bien no ser interrumpidos por estímulos externos es ya una gran ayuda, normalmente es nuestra propia mente la que está demasiado ocupada con preocupaciones y tareas mundanas.

Meditar ha sido una de esas herramientas que ha logrado ayudarme a callar las voces internas, además de relajarme y ser buena para controlar ataques de ansiedad. Al saber que mis pensamientos pueden ser callados he logrado concentrarme profundamente.

Alejarse del celular y de las redes sociales

Uno de los beneficios que sentí casi de forma instantánea al dejar de usar de forma intensiva las redes sociales y alejarme de mi teléfono, fue que me ayudó a que recordara lo que era inspirarme, dejar que mi mente divagara y a usar mi imaginación. De pronto estoy sentada esperando mi orden de ensalada en uno de mis restaurantes favoritos de la zona, tengo a mi perrita a mis pies, y por primera vez noto el patrón del piso, veo hacia afuera en la calle y veo a la gente pasar, escucho algunos perros ladrar, puedo simplemente estar presente.

En el estado de flujo uno está completamente presente en la experiencia, y si tenemos la ansiedad de checar nuestro teléfono cada 2 minutos, difícilmente lo lograremos. Incluso la vibración del teléfono puede interrumpir nuestro estado de flujo.

Sin juicios

Saber que estoy  en un lugar y espacio en donde soy libre de crear con confianza en mis habilidades y sin juzgar, me hace sentir que todo a mi alrededor desaparece, una vez terminado puedo hacer ajustes o ver cómo mejorar, pero en el momento de crear mi mente está inmersa solo en lo que hago, no en si está bien o mal.

Música

La música para mi es el ritmo de la vida, si estoy sola puedo escuchar música mientras creo. La música misma puede crear el ambiente que necesito para fluir. Diferentes estudios muestran la influencia de la música en nuestra productividad.

Para mi la música es una herramienta para inspirarme, imaginar y crear.

Crear en estado de flujo es el santo grial de hacer lo que amas, es entregarse por completo, es el premio, es juego, es capacidad de improvisación, es dedicación y confianza.

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Agobiada de contenidos y redes sociales

Durante los últimos meses he entrado en un periodo de cambio intenso. Hace unos días terminé mi primer semestre de mi maestría de Estrategia y Creatividad Digital en la Universidad de Barcelona, un master a distancia que me encanta y ha sido intenso por no decir ha sido una maratón. Entre el trabajo y el estudio ya tenía bastante en mi vida, pero como creativa inquieta que soy, mis proyectos personales también querían tener su turno, y me cuesta decir que no.

Si a esto le sumo todo el contenido que consumo: blogs, Youtube, Medium, libros, audio-libros, podcasts, siento que mi cerebro se está derritiendo. Como si esto no fuera poco la presión de tener la presencia en línea perfecta tampoco me daba un descanso. Obviamente en algún momento empecé a sentirme muy ansiosa, de pronto me falta el aire, y no podía dormir, quiero desaparecer un segundo.

Y eso es exactamente lo que haré, me tomo un sabático de las redes sociales, de querer tener la vida perfecta. No quiero vivir mi vida con los ojos pegados a una pantalla, no quiero sentirme vacía de inspiración, no quiero practicar las miles de rutinas para gente exitosa, no quiero escuchar ni leer más contenidos que prometen ayudarme a conseguir todo lo que quiero.

Quiero tener tiempo para ver por la ventana, de respirar en calma, de caminar sin rumbo. Siento que mi camino este año va a cambiar mucho, también siento que necesito encontrarme a mi misma de nuevo de entre el ruido.

Me encanta inspirarme con lo que hacen los demás y ver todas las maravillas que se crean a diario, pero no quiero ser esclava de todo el contenido que quieren que consumas.

Desde hace años no tengo la aplicación de Facebook en mi celular, ni Twitter, pero hace dos semanas borre Instagram también. Los primeros días han sido raros, intentando distraerme en el elevador viendo fotos de mis amigos, en vez  de eso me doy cuenta que tengo tiempo para pensar, tengo tiempo para imaginar. Ya no me siento a comer y le tomo una foto a mi comida, me siento a disfrutarla desde el principio, definitivamente tengo más tiempo para mi.

Empiezo a ver que lo que tenía era un problema de adicción, porque me entretenía en lugar de sentir, en lugar de imaginar, en lugar de pensar por mi misma.

Voy a tomarme un tiempo para ser y compartir con la gente de verdad, cara a cara, con abrazos, risas y conversaciones íntimas. Cuando el ruido pase entonces volveré, seguro, pero en mis términos, usaré la tecnología a mi favor, en lugar de ser adicta a ella.

Cambio y fuera desde Venus.

 

 

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Suficiente

Es irónica la vida, aquí me encuentro, en este punto de mi vida, el que he estado imaginando desde hace 4 años, para lo que he trabajado incontables horas, y a punto de dar el paso decisivo, mi ego, mi bendito ego, me hace esa pregunta que me destroza. ¿Tienes lo que se necesita para hacer esto?

Me hace sentirme pequeña, insegura, tonta. Me paraliza y no me deja dormir, de pronto todo se volvió muy real.

¿Cómo responder esta pregunta? ¿Hay una respuesta correcta? La verdad es que solo lo sabré si doy el paso, si me arriesgo un día más. Nadie puede contestar esta pregunta por mi.

Algo en mí me dice que sí, me dice que soy lo suficientemente fuerte para soportar lo que viene, que puedo más de lo que me doy crédito. Entonces me levanto de mi silla y me digo a mi misma, tu puedes, me lo repito, me repito que soy increíble, y me doy aliento, saco pecho y hago mi pose de mujer maravilla, sonrío, aunque siento que me quiebro, aunque quiero llorar y meterme debajo de una piedra donde nadie me vea. Sonrío.

Hoy quiero decirte, que tú también debes decirte estas cosas, necesitas pararte frente al espejo, mirarte y decirte que eres maravillosa, que puedes lograrlo. Podemos mucho más de lo que nos damos crédito.

 

 

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No quiero vivir para el fin de semana

Hasta hace poco pensaba que tener mi negocio propio sería un viaje hacia la seguridad, hacia una entrada segura de dinero, hacia la independencia.

Ahora entiendo que el sentido de ser mi propia jefa es no tener miedo de fallar, es tener esa libertad de explorar lo posible, de crecer, para eso será necesario tener estrategias claro; pero saber que solo estoy limitada a mis propias creencias, ese es el principal objetivo, ser capaz de emprender el viaje, ser capaz de seguir caminando y aprendiendo.

No quiero una vida perfecta, segura. Quiero una vida en la que cada día cuente, en la que no viva para el fin de semana.